Los españoles y gran parte de europeos tienen
una concepción equivocada de la República Checa. Para las mentes occidentales,
la Europa Central que vivió el comunismo se resume poco más y poco menos que en
bellísimas mujeres, prostitutas que ofrecen servicios sexuales baratos y jarras
de medio litro de pivo -cerveza- por menos de 30 coronas -un euro-. En cierta
medida, la primera afirmación tiene mucho de cierto. La República Checa es el
segundo país en cuanto a calidad de la belleza femenina tras la
República Eslovaca. Mujeres altas, atléticas, rubias de nacimiento y políglotas,
todo eso es cierto. Pero Chequia va mucho más allá de esos tópicos, ya que es
una patria que crece a ritmo vertiginoso dejando atrás el legado asqueroso del
régimen bastardo al que se vio injustamente sometida.
Cogiendo el tren en Praga yendo
hacia el este, podemos llegar en
algo más de una hora a Kutná Hora, riquísima ciudad en otros tiempos y hoy,
básicamente, localidad movida por el turismo cultural. Hace algunos siglos fue el centro de
acuñación de monedas de plata en toda Europa y, posiblemente, la ciudad más
prestigiosa de Europa Central. Actualmente es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y allí puedes
acercarte a la bellísima Catedral de Santa Bárbara o El Castillete.
Podéis visitar también la Casa de La Moneda, donde un individuo con coleta y
unas pintas que dejan mucho que desear te enseñará las distintas dependencias donde se
acuñaban monedas. El Museo Checo de la Plata también puede acaparar vuestra
atención, donde una mujer diminuta y bastante fea -es una de las pocas checas que no te alegran
la mirada- con un inglés de las montañas te acompañará en un recorrido por
yacimientos mineros. En esta última visita te irás enterando de bastante poco, a
menos que tengas un avanzado nivel de lenguas eslavas. De todos modos,
siempre es curioso comprobar cómo eran las condiciones de trabajo de los mineros
de la Edad Media en dicha región.
Vista aérea de Kutná
Hora
Sin embargo, aquel centro histórico maravilloso
que guarda un glorioso pasado no es que me entusiasme en demasía. Lo que mola de
verdad está en el suburbio de Sedlec. En ese lugar apartado podemos encontrar el
Osario de la Iglesia de Todos los Santos. Hay pocas palabras para definirlo.
Sencillamente entras boquiabierto y sales de la misma guisa. A pesar de no estar
tan publicitado como el resto de lugares culturales de Kutná Hora, es el
emplazamiento
donde más flashes por minuto y turistas por metro cuadrado despacha. En el
siguiente video podéis haceros una idea del brutal interés que despierta...
¿Qué me decís? Entre cuatro
paredes hay apilados huesos provenientes de más de 40.000 personas...
En las películas de terror siempre hemos sentido nuestro rechazo o atracción por
escenas donde se hace ostentación de restos humanos, aunque sean sólo algunas
extremidades. En este caso, con huesos de personas de distintas épocas y
nacionalidades, el ambiente que allí se respira es único. Nuestro lado más
siniestro sale a la luz e iniciamos divagaciones sobre cómo fueron las vidas de
todas esas personas que forman parte de esa tétrica decoración.
El Osario de la Iglesia
de Todos los Santos nos da la bienvenida
Según la tradición, a finales
del siglo XIII, Jindrich, abad del monasterio de Sedlec, trajo un puñado de
tierra del Sepulcro del Señor en Jerusalén, que esparció por el cementerio. El
campo santo pasó a formar parte de la Tierra Santa y por eso de aquí se daba
sepultura a difuntos de Bohemia, Polonia, Baviera y Bélgica. Miles de personas
encontraron aquí el lugar de su último descanso en los tiempos de epidemias de
peste. El número de tumbas fue aumentando rápidamente a pesar del incendio que
dañó el monasterio durante las guerras husitas. Posteriormente se suprimieron
partes del cementerio y en la actualidad la capilla levantada a finales del
siglo XIV se encuentra en medio de un pequeño campo santo a poca distancia de la
catedral. La capilla original de dos naves construida sobre el espacio del
sótano se debe al taller de construcción del rey Wenceslao IV, cuyos arquitectos
fueron invitados para participar en las obras finales de la Corte Italiana. Su
aspecto actual es el resultado de modificaciones barrocas, realizadas por
J.Santini a comienzos del siglo XVIII.
Escudo de la familia
Schwarzenberg
El cementerio llegó a alcanzar
las tres hectáreas y media y se quedó pequeño tras las guerras husitas, y un
fraile medio ciego empezó a amontonar los huesos en seis pirámides.
Posteriormente, el autor de esta obra única, el escultor Frantisek Rint, hace
composiciones con la osamenta humana. Lo más llamativo de todo es la
espectacular araña en el centro del osario, seguido por el escudo de la familia
Schwarzenberg. Este interior, único en el mundo, pretende recordar el
carácter transitorio de la vida humana y la verdad de la muerte.
Qué preciosidad.
Cuando estás dentro, poco a
poco los huesos se van haciendo cotidianos, como si fuesen de un material
artificial. Te quedas embobado con los cráneos de viejos guerreros enseñándonos
la causa de su muerte. Te metes en una especie de burbuja y dejas de lado a
decenas de turistas de todas las nacionalidades que, como tú, intentan grabar cada detalle
de este inquietante sitio. Hasta los pequeños ángeles con una calavera en su
regazo parecen naturales. Aquí tenéis una pequeña sesión de fotos:
Espero que con este artículo
algunos veáis que la República Checa sirve para mucho más que de cantera del
cine porno y para saciar la sed de cebada de visitantes movidos exclusivamente
por su instinto primario. Es un gran país que en su interior guarda muchos
tesoros.