Amigos Zydruniles
Amigos Zydruniles, después de tanto tiempo, he
tenido un hueco para dedicaros un nuevo artículo. Os quiero hablar de un bar
sevillano al que mucho de ustedes conoceréis desde hace tiempo y otros, como
yo, habréis pasado cientos de veces por su puerta sin intuir nada de lo que se
cuece allí dentro: el Garlochi. Tengo que confesaros que mi visita a tal lugar me impactó
bastante, calándome de un modo similar al que me causó el programa
presentado por Andoni Ferreño Fútbol y Famosos. De paso, quiero pedir
perdón a todos nuestros lectores cofrades o amantes de las imágenes religiosas
ante mi total desconocimiento del tema y las pifias que a buen seguro que
cometeré.
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Esto nos encontramos
nada más entrar |
Me tengo que remontar a una fría noche
festiva, donde un amigo nos instó
a visitar aquel rincón sevillano donde se respira el surrealismo profundamente.
Nada más subir las escaleras ya empezó a fascinarme ese bar, ya que en el
descansillo había, nada más y nada menos, que una imagen religiosa que
representaba un nacimiento. En aquellos momentos me dije a mí mismo: "un bar que
te introduce con imágenes religiosas, ¡qué grande!". Una vez dentro me impregné
del intenso olor a incienso mientras que incrédulo y sin habla observaba la
decoración de tan peculiar negocio de restauración. Imágenes de Semana Santa por
todos lados en todo tipo de formatos, increíblemente kitsch.
Es todo tan recargado que hace inevitable que puedas concentrarte en otra cosa.
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Lo más kitsch.
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La clientela que me encontré no iba a quedarse
atrás. Estaba constituida por hombres y mujeres de, como mínimo, 50 años y
luciendo una brillante alopecia en el caso de los varones. Sorprendentemente, la
música seleccionada por Dj Garlochi no iba en consonancia con la decoración del
bar, ni mucho menos. En un primer momento sonaba Luz Casal y, lógicamente,
lo que captaba nuestro sentido visual no guardaba relación alguna con el auditivo, aumentando
de esa manera el elevado grado de surrealismo que ya de por sí se vivía. Pero lo
mejor fue cuando empezaron a poner temazos de rabiosa actualidad, como "Las flechas del
amor", "La la la la", "Black is black", "Buscando en el baúl de los recuerdos"
o "Cuéntame".
En esos instantes, los clientes del establecimiento reverdecieron viejos
laureles y movían el esqueleto que ni John Travolta en Fiebre del sábado
noche. Y yo que pensaba que era imposible empeorar la horrenda combinación
de estilos musicales de las clases de spinning de mi gimnasio en las que se pasa
tranquilamente de Azul y Negro a Shakira, y de ésta a Queen...
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¡Que se retire Miss
Kittin, ¡DJ Garlochi Powa! |
En cambio, las bebidas más
representativas del bar sí eran eminentemente cofrades. La Sangre de Cristo
y el Agua de Sevilla se ganan un merecido renombre por el mero hecho de
llamarse así. Tremendos. Luego podemos estar satisfechos o no con su sabor, pero
es innegable que estar tomándote un "Agua de Sevilla" es una sensación más
profunda que hacerlo con una cerveza o un refresco. Particularmente prefiero la
Sangre de Cristo por el dulce sabor que facilita su ingesta y el recipiente en
que se sirve, que se asemeja a un cáliz. Por otra parte, el Agua de Sevilla no
me convence en exceso debido a su sabor y, sobre todo, a su blancuzco color y
espesa textura que inevitablemente recuerda a cierto líquido que generan dos
óvalos colgantes dentro de un escroto.
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Primer plano de los
productos estrella del establecimiento. |
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¿Qué es lo primero que
se os viene a la cabeza observando a esta copa? |
Aparte de esas dos
peculiaridades, dentro del bar puede beberse casi cualquier cosa, como en todos
sitios. Resulta un tanto chocante que en el Garlochi la gente beba alcohol y
fume tabaco mientras conversan tranquilamente. A bote pronto, realizar
actividades propias de pecadores es una falta de respeto hacia las imágenes que
decoran el establecimiento... pero es algo que tenemos asumido porque en todo
bar hispalense que se precie a serlo siempre tiene uno o varios rinconcitos para
cuadros e imágenes de Vírgenes y Cristos en una atmósfera que representa una
mezcolanza de Cruzcampo, pinchos de tortilla, soeces conversaciones sexuales,
tauromaquia y tertulias futbolísticas que forma parte de la idiosincrasia de
Sevilla.

Hasta cierto punto, tener
imágenes religiosas en un bar no es tan descabellado. Lo que realmente te deja
estupefacto son la forma en la que muchos elementos aparecen, como coronando una
caja registradora de unos 70 años de antigüedad. No obstante, me quedo con la
exaltación de una copa de Sangre de Cristo que muy bien podría pasar por formar
parte del decorado de una película de David Lynch.
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Sin palabras.
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El Garlochi, sin embargo, es
algo único en Sevilla y, a buen seguro, de este planeta. Han sido muchas las
publicaciones nacionales e internacionales que se han interesado por este bar.
No es para menos. Puede tener buen o mal gusto, puede resultar agradable o
desagradable... lo que es innegable es su inherente rareza. Hay que felicitar al
dueño del Garlochi por regentar semejante negocio desde hace casi 30 años, donde
lleva su pasión al límite para provocar sensaciones diferentes según el
visitante. Seguramente, este bar hubiese tenido los días contados si
desarrollase su actividad en otra ciudad o su temática girase alrededor de otra
religión, pero esto es Sevilla. Habrá quien se beba un cubata tranquilamente y
quien esté una hora entera absorto por intentar asimilar donde se encuentra.
Como sevillanos, debemos sentirnos orgullosos del Garlochi.


Este lugar tendrá su fiel
clientela que acudirá cada semana a relajarse como si estuviese en el bar de su
barrio, y otros lo visitarán en ocasiones puntuales para impresionar a las
visitas o, sencillamente, buscar algo diferente. Garlochi is different.
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