Hooooola amiguetes. Esta semana
voy a contaros una historia alucinante, pero real. Voy a compartir con todos
vosotros el momento más hilarante que he vivido en mi vida de consumidor de
horas de TV. Fue viendo un episodio de Los Pequeñecos, mítica serie
infantil de mediados de los 80.
Haciendo un poco de historia y
procurando ser muy breve, la serie animada de Los Pequeñecos (Muppet
Babies) mostraba a los famosos Teleñecos (Muppets) de Jim
Henson como bebés. Allí estaban la entrañable rana Gustavo, la
cerdita Peggy, su pretendiente Gonzo, el osito comediante
Fozzie (mi preferido), el pianista Rodolfo, el experto informático
Skooter, su hermana Skeeter y el incontrolable Animal.
Estaban bajo el cuidado de la Nanny, a la que, por cierto, nunca se le
veía la cara. Cuando se quedaban solos, montaban unos pollos de cuidado,
gracias al poder de su imaginación. Éste era el principal mensaje de la serie.
Se invitaba a los niños a jugar con su imaginación (grandísimo el episodio en
el que hicieron un homenaje a Star Wars), además de enseñar a los
chiquillos los valores fundamentales de la convivencia en sociedad (está claro
que los miembros de la escoria cani nunca veían Los Pequeñecos,
ni series similares). Otro dato característico de la serie era que en los
episodios se mezclaban imágenes reales, fundamentalmente trozos de películas.
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Unos
hooligans muy peligrosos |
En España, la serie se emitió por
primera vez a mediados de los 80. Si no recuerdo mal, se podía ver los
fines de semana a las 15:30, tras el Telediario. Lógicamente, en la Primera
Cadena, que por entonces no había privadas, satélite, cable ni nada de nada.
El doblaje de la serie se realizó en nuestro país, y fue dirigido por
el gran Carlos Revilla, la voz original de Homer Simpson. Viendo el
reparto de doblaje, descubrimos que la voz de la rana Gustavo era prestada por
el mismo actor que doblaba a Smithers y al Abuelo en los Simpson. Como dato
curioso, comentar que en la versión original americana, la voz de Gustavo era
interpretada por Frank Welker, famoso también por ponerle la voz al poderoso
Megatron (no puedo dejar la oportunidad de citar algo de Transformers, jeje).
Pero, ¿por qué diantres hablamos de doblaje? Tranquilidad, que todo tiene su
explicación.
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Como
siempre era enfocada desde la perspectiva de los teleñecos, nunca se le
veía el rostro |
Varios años después de su emisión
original en España, TVE recuperó la serie. Ya en los 90, su Segunda
Cadena empezó a emitir diariamente, a la hora de comer, un episodio de Los
Pequeñecos. Pero con una diferencia fundamental. El doblaje no era
“español de España”, sino “español de Latinoamérica”. Lógicamente, las voces
estaban cambiadas a cómo las recordaba de pequeño, porque eran otros actores
quienes las interpretaban. Peor era que algunos nombres cambiaran, como el de
Gustavo, que era llamado Kermit (su nombre original en los USA). Sin embargo,
lo que no me podía imaginar era que el asunto del doblaje
latinoamericano pudiera dar lugar a un momento completamente
impagable. Y es que todos sabemos que hay palabras en España que son
malsonantes en Latinoamérica, y al revés...
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¡Pero
qué grande! |
Fijaos bien en la foto de arriba.
En ella aparece el amigo Gonzo con su mascota, una gallinita llamada
Camila. Aquí empieza lo bueno. Retrocedemos al pasado, pueden ser 10 años
o más. Ahí estaba yo, Peter Parker, más joven de lo que todavía sigo
aparentando (dedicado a mis incondicionales), almorzando mientras veía
la TV. Alcancé el mando y me puse a practicar el deporte nacional del zapping.
Entonces vi unas imágenes que me eran familiares. “Ostras, Los Pequeñecos”,
me dije. Como convenía recordar viejos tiempos, me puse a verlos. Al poco
tiempo, descubrí todo el tema del doblaje latinoamericano que comentaba antes.
En el episodio, Gonzo había perdido a su gallinita. Pero en la versión
latinoamericana no la llamaban así… Y llegó el momento. Gonzo empezó a gritar:
¿Dónde está mi polla? ¿Dónde está mi polla? Yo no me lo podía
creer. Tenía los ojos como platos. “Habré escuchado mal”, pensé. Pero
no. Ahí estaba otra vez Gonzo: He perdido mi polla, he perdido mi polla.
En ese momento espeté: ¿Cóomooo? Y para rematarlo, la cerdita Peggy
soltó otra frase para la historia: Vamos todos a buscar la polla de
Gonzo.
Después de asimilar la situación,
no pude evitar reírme a carcajadas. Lógicamente, Gonzo había perdido a Camila,
su gallinita, su “polla” para los latinoamericanos. Yo lo comprendí. Pero me
imagino a muchos padres, alucinando en colores. Niño, ¿te gustan los
dibujos?; Sí, mamá; ¿Y de qué va el episodio?; Están todos buscando la polla
de Gonzo.
En cualquier caso, y pese a este
curioso malentendido, hablamos de una de las mejores series infantiles de la
historia. Me despido con la letra de su inolvidable canción, no sin antes
agradecer desde estas líneas que el gran Viruete haya puesto un banner de esta
web en su página. Precisamente en su antiguo foro conté esta historia por
primera vez.
Pequeñecos, podéis imaginar
Fantasías que se hagan realidad
Si te aburres en tu mundo y no
encuentras diversión
No esperes más y échate a volar
con tu imaginación
Busco aventuras
Cuentos de amor
Lo mío es el show
Yo soy animal
Lo mío es programar
Yo puedo volar
Soy el rey del piano
Qué bicho más raro
Yo soy “inventol”
Meep, meep, meep, meeeeeeeeeeep
¿Estáis todos bien, niños?
Sí, Nanny
Pequeñecos, podéis imaginar
Fantasías que se hagan realidad
Peque, peque, peque, peque
-Ñecos, -ñecos, -ñecos
Pequeñecos
Peter Parker
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