A muchos les sonará raro o incluso incomprensible este título, normal, tan solo 6 personas estábamos presentes aquella mágica noche en la que la moral sevillista estaba por los suelos con un fracaso tras otro, sin embargo para otro muchos el mismo sentimiento podría ser llamado “espíritu de Oviedo” o “espíritu del 95” ya que se trata simplemente de un sentimiento sevillista tan fuerte que ciega. Ciega ante resultados, comentarios, rivales o fracasos, sale a relucir siempre que el equipo no responde y el sevillista, el de corazón, sale adelante con un fervor sevillista que desata pasiones. En el partido ante el Almería se volvió a vivir uno de esos momentos mágicos de sevillista, y quizás me quede corto con el calificativo de mágico, evidentemente no es gracias al resultado como otras tantas veces, sino más bien fue un momento mágico por culpa del resultado. El partido roto en nuestra contra, recibiendo un varapalo que nadie se esperaba, y con el 0-4 en el marcados la afición le dio voz a su corazón y nos dejaron momento que a algunos nos quedan marcados, canciones de toda la vida, palmas y cánticos que son himnos sevillistas en los últimos victoriosos años no cejaron en ningún momento pese al mal tiempo, pese al resultado y pese a todo.
Momentos que hacen grande a una afición, o al menos a una parte de ella, los que llevan el escudo por corazón y no han llegado al olor de los títulos. El Sevillista está a las duras y a las maduras, el partido de ayer no debe ser para olvidar sino para recordar, recordar que el título de mejor equipo del mundo lo tenemos en nuestro corazón desde hace más de 102 años y que aún así muchos equipos nos han pintado la cara, llevamos tiempo en una nube y hay que estar siempre con los pies en el suelo, el partido ante el Almería debe servir para que siempre recordemos que con el nombre no se ganan los partidos y que no hay rival pequeño. El partido de ayer debe ser recordado por la respuesta de una afición señera y señora que dio una lección a sus jugadores, ellos pasarán, nosotros nos quedaremos y momentos como el de ayer de la afición hacen que uno se sienta orgulloso de decir hoy que es sevillista.