El Gran Equipo del Sur de España viaja al norte del país para volver a jugar en San Mamés y, no sólo pasar la eliminatoria de Copa del Rey, sino ganar por cuarta vez en esta temporada al Bilbao.
Hemos llegado en el mejor momento desde hace tiempo, el idóneo para pasar a la final de Copa del Rey y centrarnos en la liga para asegurarnos, como mínimo, el tercer puesto de la competición. Nuestro póker de cracks (Kanouté, Jesús Navas, Squillaci y Palop) llegan muy bien en cuanto a ánimos y juego, y con su mera presencia en el césped pueden marcar un gol decisivo precedido de un control aún mejor, dar una asistencia tras dejar sentados a dos vascos, despejar un balón subido a la chepa de Llorente o sacar una palomita eterna marca de la casa.
La diferencia entre un equipo y otro es abismal, ya que, a excepción de Navas (y no por motivos deportivos), sacaremos un once lleno de internacionales, de ases del balompié. ¿Quién es el Bilbao para tenerle miedo? ¿un equipo que lleva casi veinticinco años sin ver un título? ¿jugadores que le echan mucha casta al asunto? No dudo que le pongan testiculina, pero no más que Squillaci, Duscher o Kanouté, con la diferencia de que nuestros jugadores la acompañan de una calidad acreditada por títulos nacionales e internacionales, así como partidos de selecciones de primer nivel. Vamos, que no son agallas en plan Gurpegui empujando fuera de la banda a Perotti o la de correr sin cesar. No, no es así. Estamos hablando de agallas, títulos y gloria, combinación que, a excepción de nuestro querido Aitor Ocio, pocos jugadores del Bilbao, por no decir ninguno, conocen.
En varios foros de Internet se nos habla de la supuesta olla a presión o “infierno” que será San Mamés el próximo miércoles y nos quedamos con cara de ¿pero qué me están contando? Presión es la que hemos soportado sobre nuestros hombros en todos estos años, y por la piedra nos hemos pasado a Ronaldinho, Arshavin, Berbatov, Keane y a quien haya hecho falta para darle lustre y esplendor a la capital de Andalucía. Para los supuestos infiernos como el del miércoles, don Frédéric Kanouté tiene una efectiva receta: dos golitos y que se dediquen en pensar en la gamarra y éxitos pretéritos.
No obstante, debemos tener cuidado porque en el banquillo tenemos a Manuel Jiménez, quien no se ha caracterizado precisamente por sus brillantes planteamientos en partidos decisivos, y ahí tenemos Génova o Turquía para recordar nuestras miserias. Esperemos que haya aprendido y haya visto en el LCD de su casa magistrales lecciones de resolver eliminatorias como el Tottenham-Sevilla Fútbol Club de la UEFA 2006/2007 o el Sevilla Fútbol Club-Schalke 04 de la misma competición en el año anterior. Estamos seguros que no viviremos el mal sabor de quedar eliminados ante un rival muy inferior.
Joaquín Caparrós, tú tranquilo Si quedas eliminado te van a llover los palos como te pasó hace dos temporadas en La Coruña. Entonces una máquina del fútbol llamada Sevilla Fútbol Club te pasó por encima, y poco pudiste hacer para pararla. Quizá los gallegos viesen muchas películas de Bruce Lee y pensasen que su equipo iba a dejar fuera de competición a todo nuestro plantillón. Pasó lo que dictaba la lógica, que no era otra cosa que la de llevarse un chorro de goles en Galicia y en Sevilla.
Ahora, si caes eliminado, volverás a escuchar las pamplinas de “eres sevillista” o “te dejaste ganar”, como si tuvieses a tu disposición una larga lista de cracks internacionales curtidos en finales europeas, cuando simplemente tienes a jugadores apañados como Llorente o Yeste acompañados de otros con mucho físico y coraje, pero cortos en cuanto a calidad. Lo lógico es que el Sevilla Fútbol Club elimine al Bilbao. Así que vete preparando el cuerpo para las más que posibles críticas de los aficionados y prensa local por tu planteamiento en la jornada de liga y en la vuelta de la Copa. Pero, lo más importante, es que no te estreses. No merece la pena que te pegues un sofocón porque aquí en Sevilla, tú casa, te queremos como si fueses de nuestra familia y no nos cabe duda que algún día volverás al club que cogiste hecho cenizas para dejarlo listo y proyectado para la lluvia de títulos que vendrían después.
Se acabaron las especulaciones. Hay que darlo todo en el norte de España para llevarnos sí o sí la eliminatoria y disfrutar el 15 de mayo en Valencia de la enésima gran fiesta del Sevillismo en estos últimos años. Ni Villar podrá interponerse en nuestro destino.