
Manuel Jiménez, usted es un jugador histórico de nuestra entidad porque ha sido el que más veces ha vestido nuestra camiseta y uno de los sevillistas con más internacionalidades a sus espaldas. Usted fue un jugador para quitarse el sombrero… ¿pero qué ha hecho usted como entrenador de elite? Si no lo sabes, nosotros se lo decimos: nada.
Hoy ha venido al Ramón Sánchez-Pizjuán el Betis entrenado por Paco Chaparro, el cual de experiencia en Primera División tiene muy poca, casi ninguna. El equipo que se ha traído a Nervión no es que fuese el A.C. Milán de Arrigo Sachi ni la Holanda de Johan Cruyff, ni mucho menos. Él ha venido con los mismos jugadores que siempre que les tocaba visitar nuestro templo, una parte de su anatomía acababa como un bebedero de patos. Unos jugadores que no están jugando la Champions League y ni siquiera están en la parte alta de la tabla.
Una vez más, usted nos ha deleitado con sus estudiados planteamientos y capacidad sin igual para leer los partidos. Es decir, nosotros hemos estado en nuestras localidades viendo a nuestro Sevilla Fútbol Club, que, como de costumbre, no se sabía a lo que jugaba, ni defensiva ni ofensivamente. Estábamos ahí esperando a que sonase la flauta y marcásemos un gol por casualidad, es decir, mediante una genialidad de Kanouté o una jugada embarullada a balón parado. Ni eso, ya que el gol de la leyenda malí llegó tarde y cuando no servía para nada.
El Betis con sus estrellas Melli, Damiá, Arzu y compañía no hicieron nada del otro mundo, ya que no nacieron con el don de estar muy dotados con la pelota en los pies, pero estaban ordenaditos y con las ideas claras. Por si fuera poco con su nulo planteamiento, encima sacó a los jugadores acobardados y con miedo ante semejantes personajes. Muy triste.
Para no perder la racha que llevamos en esta segunda vuelta, volvimos a perder. No sólo eso, sino que nuestra imagen es patética, dando una sensación de escasez de ideas y anarquismo verdaderamente sonrojante.
Nosotros sabemos lo que pasa desde hace tiempo, pero, por desgracia, en el Sevilla Fútbol Club tenemos una cantidad de pelotas que son los verdaderos causantes que el entrenador que decapitó nuestro juego top-class siga sentándose en Nervión.
Ya está bien de quejarte por la forma en la que entraste
”Hay que ver, el hombre entró con la temporada empezada y le echó dos cojones”, esta es una de las muchas cantinelas de sus admiradores. Parece que cogió al equipo en la jornada 27 y a diez puntos de la salvación. No, este hombre cogió a la mejor plantilla del Sevilla Fútbol Club (la cual encadenó seis finales en dos años) y heredó un juego espectacular. Estaba en la parte baja, sí, pero habían transcurrido sólo cinco o seis jornadas desde el comienzo del campeonato y el equipo estaba a escasos puntos distanciado de zona Champions.
En más de un año se ha encargado de romper la frescura del equipo, su juego arrollador de alta escuela y de tirar por el W.C. eliminatorias como las del Fenerbahçe o Sampdoria, por no decir que en liga perdió todos y cada uno de los partidos decisivos que tuvo para encaramarse en los puestos altos.
Claro, después saca pecho por tener los mismos puntos que un cuarto clasificado, que no alineó a sus titulares en el último partido porque tenía la temporada resuelta, y nosotros ganamos puntos tan disputados como los del Athletic de Bilbao en la última jornada.
¿La Copa de este año? Ah, es verdad, que no tuvimos ni una pizca de suerte ante Valencia o Athletic de Bilbao y que todos nuestros goles vinieron de impresionantes jugadas de equipo…
Deja de hablar de lesionados
Que sí, que dejes ya a los lesionados. Con el anterior entrenador, el mejor de nuestra historia, no teníamos semejante plaga de lesionados. ¿Quizá sus métodos de entrenamiento o sistemas de rotación influyen algo en esta situación? ¿cómo podemos pasar de tener un equipo que se comía el césped y daba mordiscos desde el minuto uno hasta el noventa en tres competiciones en pleno mayo a otro que no puede ni con las botas en enero?
Usted sabía que Kanouté anda tocado del pubis, que Luis Fabiano suele recaer en lesiones y que, hasta que no demuestren lo contrario, Koné y Chevantón son dos prejubilados que se llevan más tiempo en la enfermería que jugando. ¿Usted no tiene boca para pedir refuerzos en el ataque? ¿no puede exigir públicamente un delantero para tener frescura? Es muy triste que hasta el Betis pueda permitirse traer a un delantero como Ricardo Oliveria en diciembre y nosotros nada.
¿La defensa? ¿se puede consentir que Aquivaldo Mosquera sea nuestro lateral derecho titular? ¿usted no ha visto que Bouhlarouz es un ejemplo de casta y compromiso por los colores al lado de Konko? ¿usted es el único que no se ha dado cuenta que Crespo es el peor jugador que ha vestido nuestra camiseta en décadas? ¿usted, posiblemente sabiendo que Daniel Alves se iba, no se queja de haber vendido a un internacional por la selección alemana como Hinkel?
Don Manuel, si a Guardiola este verano le venden de una tacada a Messi, Puyol y Xavi, ¿no piensa que se habría quejado aunque fuese un poquito? ¿por qué mantuvo absoluto silencio en las marchas de tres auténticos pilares y motor de nuestro equipo como Daniel Alves, Keita o Poulsen? Por si no lo sabe, los abonados pagamos muchos cientos de euros al año como para, primero aguantar un juego absolutamente mediocre, y después para que nos quiten jamón de pata negra y nos cuelen mortadela, sin nadie que alce una voz para defendernos.
Si usted sabe que la plantilla tiene serias carencias, quéjese en su momento exigiendo fichajes, y no a mitad de temporada por las lesiones. Si no sabe cómo hacerlo, repase las declaraciones que hizo Juande Ramos cuando le trajeron a Mosquera.
A estas alturas de temporada, poco podemos hacer. Nos queda cruzar los dedos para que Kanouté, Squillaci y Luis Fabiano tengan los menos contratiempos posibles, y que la flauta suene de vez en cuando. Ojalá en junio los sevillistas piensen como las ratas que somos. Quizá de esa forma venga un entrenador con capacidad para empalmar nuestro juego, números e imagen con la época que se cortó bruscamente a finales del 2007.
"¡Jiménez, Jiménez, qué cojones tienes!"... qué daño nos ha hecho el dichoso cantecito.