El Gran Equipo del Sur de España vuelve al Ramón Sánchez-Pizjuán, su casa, tras cuatro ridículos estrepitosos, encadenando derrota tras derrota. El máximo culpable de esta situación no es quien está en el banquillo, sino el que confió o los que confiaron en un señor sin experiencia como técnico de fútbol de elite y que en las jornadas que dirigió al equipo es difícil asignarle otros méritos que no sea el de ganar varios partidos poniendo jornada tras jornada a unos de los mejores jugadores de la liga española, pasando por alto la eliminatoria “a huevo” ante la cenicienta del bombo de Champions League llamada Fenerbahçe, que nos puso la cara colorada y que dio un señor baño táctico a don Manuel Jiménez.
Posiblemente la clasificación final para la UEFA en la temporada pasada fue contraproducente, ya que se magnificó ese logro de una forma desproporcionada y entre varios puntos convirtieron a Manuel Jiménez como un aventajado alumno de Alex Fergunson que le dio al Sevilla Fútbol Club un aire del Ajax de los 70 y al Milán de Arrigo Sachi.
Muchas mentes, demasiadas, nos llamaban “sevillistas protestones” o “malos sevillistas” por mostrar nuestra disconformidad hacia el técnico del Arahal, por no dejarnos engañar por records de poca monta. Todos veíamos que el destino sevillista iría cuesta abajo sin frenos. En todo un año jamás hemos visto que el juego del equipo reaccione a un contratiempo, no hemos visto que jugadores como Níkel, De Mul o Koné tuviesen oportunidades… Sólo hemos visto Kanouté, Kanouté y más Kanouté hasta reventarlo, a Daniel Alves sacando genialidades o a Keita, “el africano que sólo corría sin sentido táctico”, meter zambombazos desde 30 metros. El Sevilla Fútbol Club de Jiménez fue perdiendo vistosidad con el paso de las jornadas. Posiblemente su partido más espectacular fue el Sevilla Fútbol Club-Valencia, donde la plantilla prácticamente jugaba solo bajo la inercia del “fútbol total” de “los viejos tiempos”. Viejos tiempos en los que Manuel Jiménez capitaneaba un equipo que nunca hizo absolutamente nada, un equipo que si hubiese perdido en Lille 1-0 habría perdido en Nervión 2-3, o un equipo que ante el Rayo Vallecano no habría remontado una eliminatoria.
Está claro que la plantilla ha perdido enteros respecto a otras temporadas, tan cierto como que nadie excepto “los protestones” echó el grito al cielo. Es lógico tener menos capacidad cuando se van Alves, Poulsen y Keita, y te traen a Konko y Romaric. Un entrenador ambicioso habría protestado, habría exigido una respuesta. Aquí no. Se nos marchan dos de nuestras estrellas al que era uno de nuestros rivales en las dos últimas temporadas y no pasa nada. Así nos va luciendo el pelo. Un Marcelino (snifff, sniffff… ¡cómo lo dejamos escapar!) ante la marcha de Alves se habría callado por los webs.
Muchos sentimos un profundo amargor al darnos cuenta que los inolvidables años que vivimos con Juande Ramos van a quedar inalcanzables demasiado pronto. Aquí lo que importa es que Jiménez es del Arahal, que es muy sevillista y que todo lo que hace la directiva es la repera. Poco a poco volvemos a celebrar clasificaciones para la UEFA, victorias en los derbis y empates ante el Real Madrid. Es muy triste, sobre todo teniendo en cuenta que hasta hace dos telediarios machacábamos a Real Madrid o Barcelona en finales.
¿Qué pasará ante el Recreativo de Huelva, equipo al que hemos ganado en cada una de sus visitas al Sánchez-Pizjuán? Cualquiera sabe. Todo lo que no sea una victoria sería un fracaso, otro ridículo más para la colección. Ojalá que no pase, pero si no ganamos el domingo y el estadio empieza otra vez con el gritito de marras de los cojones (nunca mejor dicho), habrá que pensar muy seriamente acerca del Sevillismo.
En fin, un domingo de fútbol que, más que nunca, vuelve a oler a viejos tiempos y sin la más mínima sensación de cambio de rumbo…