
El Gran Equipo del Sur de España ha vuelto a perder su tercer partido consecutivo en competición oficial. El equipo de los “récords” ha consumado ridículo tras ridículo ante equipos del montón de Primera División y uno de Segunda B.
Por desgracia, gran parte del Sevillismo está lobotomizado por medios donde se magnifica anécdotas sin importancias, triunfos fáciles y ramplones, mientras que esconde el polvo debajo del sofá cuando se consuma estrepitosos ridículos en los partidos importantes, cuando somos incapaces de reaccionar ante cualquier contratiempo.
Como venimos repitiendo, poner jornada tras jornada a un Kanoute, un Luis Fabiano y un Renato lo haríamos cualquiera de nosotros sin necesidad de tener a nuestras espaldas 400 partidos como jugador de Primera División o haber nacido en el mismísimo barrio de Nervión. ¿Sabéis lo que tiene mérito de verdad? Perder 1-0 en Pamplona o Lille en una eliminatoria de la UEFA y llegar al Sánchez-Pizjuán y pasar de ronda con partidos dignos de ser exhibidos en escuelas para niños. ¿Sabéis qué es capacidad de reacción? Ir perdiendo 0-1 en el Sánchez-Pizjuán ante el FC Barcelona, con un jugador menos y Ronaldinho a punto de tirar un penalti, y acabar ganando el partido por 3-2 con fútbol espectáculo. ¿Sabéis lo que es entereza? Ir perdiendo en nuestra casa 0-2 contra un Real Madrid al que le va la vida por alcanzar la segunda posición y remontar 4-2 en el primer tiempo a base de oleadas ofensivas que te empujan a bajarte la bragueta y darle al subibaja disfrutando de un plato futbolístico de cinco estrellas para paladares más exigentes.
Está claro que las señas de identidad del Sevilla Fútbol Club de leyenda han desaparecido, están aniquiladas. A su exterminio han colaborado la nula autocrítica, el absurdo ensalzamiento de un sevillismo banquillil que no sirve para nada, la vuelta a mirar al vecino y sentirse un grande por quedar por encima del que tiene la permanencia como objetivo histórico de su existencia.
Sevillismo, bienvenido a la mediocridad. No tenemos nada en contra de Manuel Jiménez Jiménez excepto que no le vemos capacitados para llevar el timón de un barco que supuestamente debe luchar con los mejores. Decimos “supuestamente” porque deshaciéndonos de puntales como Keita, Alves o Poulsen no es la mejor manera de mantener el nivel. Es como si el FC Barcelona planea un nuevo proyecto vendiendo a Xavi, Puyol y Messi, o el Valencia CF a Villa, Silva y Albiol. Pero ahí está Manuel Jiménez, un entrenador ideal para la directiva, un señor que siempre dará el visto bueno a lo que haga la directiva y jamás dirá una palabra más alta que otra para quejarse. Y, queridos lectores, vender al que fuera motor ofensivo, alma creativa y auténtica leyenda viva del Sevillismo como Daniel Alves y traer en su lugar a Konko era, para menos, poner la voz en el cielo.
Nuestro entrenador siguió forjando su aureola de infalible en las eliminatoria ante la potentísima Ponferradina y ese puñal de la banda izquierda que atiende al nombre de Rubén Vega. Hoy, contra la maquinaria albi-violeta de Castilla y León, el Real Valladolid, hemos dado otra lección de cómo tirar al W.C. tres puntos y cómo no tener ni pajarera idea de defender un 0-2 por mucho jugador expulsado que tengamos. Sí, que la autoexpulsión de Luis Fabiano tiene tela, pero que te remonten un 0-2 tiene delito. Recordemos que el Sevilla Fútbol Club, hasta la temporada 2003-2004, sólo había remontado dicho resultado en sólo una ocasión en su casi centenaria historia.
¿Los jugadores quedan exentos de culpa? Claro que no. Luis Fabiano ha vuelto a pecar debilidad mental en ciertos momentos del partido y Maresca sigue con su peculiar irregularidad, mientras que fichajes como Konko o Romaric tienen que demostrar todavía que pueden ser válidos para la Primera División. Pero, lo lógico, si no tienes las armas con las que deberías contar para luchar por los retos propuestos, es quejarse, como han hecho técnicos como Benítez o Schuster. En este caso no, tenemos a Manuel Jiménez, un técnico muy cómodo para la directiva y que por su pasado sevillista impide que sea centro de pitos por parte del respetable.
Es lo que nos queda, regodearnos en logros y records que no sirven para nada cuando a la hora de la verdad, cuando tienes delante grandes partidos o se te complica la cosa con expulsiones o goles en contra no tenemos ni la más mínima respuesta.